lunes, 30 de junio de 2008

¡¡¡¡¡¡FELIZ CUMPLE NICO!!!!!!





















Espero que la hayas pasado super!!!....Besitos!!!!






Nunca es tarde para presentaciones....


Bue, les presento a MI FAMILIA!!!!.... a la izquierda (foto) Andrea, mi hermana de 10 años, es un sol, es una niña muy aplicada, responsable y madura; mamá Mónica, una gran consejera, amiga y compañera; papá Mario, una persona a la que admiro; Rocio, mi otra hermanita, que tiene un carácter un poquito malhumorado pero es divina!, tiene 8 años, AMA a los animales y es muy romántica.
En la otra foto salimos Esteban y yo. Él es el menor... tiene 5 años, y es......... como decirlo..... sumamente inquieto!!!, es "el pequeño terremoto".....
Y así está compuesta mi familia.... Son mi "TODO", siempre están cuando los necesito....

Bueno, espero que esten bien!...Besitos!!!!!.....

Belén

miércoles, 25 de junio de 2008

Fuentealba: Sobisch deslindó responsabilidades por la represión

Responsabilidad política. Los familiares de Fuentealba señalan al ex mandatario como quien dio la orden de reprimir la protesta en la que fue asesinado el maestro, que incluyó el corte de la ruta 3 a la altura de la localidad de Arroyito. Por eso, reclaman que los jueces evalúen su "responsabilidad política" por el crimen.

domingo, 22 de junio de 2008

Piden justicia los padres de la nena que fue mamá a los 11 años

Realmente cuando escuche esta noticia me quedé admirada, como puede ser que pasen estas cosas. Hoy domingo 22/06 me junté a almorzar con mi flia y tengo un a primita de esa edad, al verla jugar como una niña no podía imaginar como a esa edad otra niña tiene que ser mamá.

Hace 9 meses la nena realizaba las actividades típicas de una chica de 11 años: iba a cuarto grado de la escuela, jugaba con sus amiguitos, veía los dibujos animados y esperaba con ansias el programa de música tropical Videla Música Show que habitualmente emite Canal 7 todos los sábados. Pero desde el martes pasado todo cambió: hoy cambia pañales, da de mamar y viste a su hija, una hermosa beba apenas 11 años menor que su mamá.La triste historia comenzó el año pasado con una presunta violación, pero los padres de la nena (no se da el nombre por protección a la identidad de la niña) que dio a luz a su hija el martes pasado, se enteraron de la noticia a fines de febrero, cuando la llevaron a revisar después de notar que comía demasiado y vomitaba reiteradamente. La chica estaba embarazada de seis meses y ella misma fue quien aseguró haber sido abusada sexualmente por un chico de 16 años que vivía junto a su madre en una casa contigua a la de su familia.Oscar (52) es el padre de la chica y abuelo de la nueva integrante de la familia. Es empleado municipal de noche y de día hace changas. En la humilde vivienda ubicada en el Barrio San Martín de ciudad hay dos ambientes: uno para comer, donde hay varias fotos familiares, y otro para dormir. También hay muchos chicos dando vueltas, hijos y nietos de Oscar que, luego de separarse de su primer mujer, se juntó con María Rita. En la casa viven 12 personas y todos saben lo que pasó."Espero que esto no quede cajoneado en un escritorio. Quiero que el responsable del abuso quede preso, porque esto que le pasó a mi hija puede pasarle a cualquier nena de 11 años o menor. Hoy, gracias a que nosotros la ayudamos y a la acción de la psicóloga que la atiende, la nena ya no rechaza a su hija y dejó los juguetes para de a poco ir convirtiéndose en madre. Hoy es consciente de eso y cuida tanto a su hijita, que hasta se pone celosa cuando otros la alzan", comentó Oscar, padre de la niña madre.Mientras el hombre cuenta su verdad y su bronca, aparece en el comedor una hermosa beba de apenas días de vida que al nacer pesó 3 kilos. Ella no entiende lo que pasa, pero al menos siente el calor de la familia unida ante la adversidad y la sorpresa por la exposición mediática, incluso a nivel nacional, que alcanzó el tema.Recordando el inicio del desafortunado hecho que concluyó con la nena dando a luz en la Clínica Las Heras, los padres de la chica aseguran que el adolescente al que todos señalan como responsable del abuso vivía junto a su madre, quien de chica había sido adoptada por el abuelo de Oscar. "Mis hijos lo llamaban primo. No había sangre de por medio, pero eran como primos. Jugaban juntos y a nosotros nunca se nos pasó por la cabeza que algo así podía pasar. En aquel momento mi señora y yo trabajábamos casi todo el día, pero a los más chicos los cuidaban sus hermanos más grandes", afirmó Oscar.Una vez que se enteraron del embarazo de su hija, los padres hicieron la denuncia y el chico de 16 años estuvo privado de su libertad por unos 15 días. "Después lo dejaron libre. Ahora la Justicia dice que está fuera de la provincia, pero mis hijos lo han visto hace poco por el barrio. Incluso ha venido a burlarse de nosotros a la puerta de mi casa. Cuando lo agarre mi hijo mayor le va a pegar; eso no lo va a poder evitar nadie", aseguró Oscar.Por estos días, la nena que recientemente fue madre es asistida por una psicóloga y la maestra domiciliaria concurre a diario a su casa para que no pierda días de clase. "Igual queremos hablar con el Gobernador. Necesitamos ayuda y protección y no la tenemos", suplica María Rita, madre de la nena. Mientras tanto, Oscar se muestra un poco más optimista de cara al futuro. "Pase lo que pase vamos a ser felices. Siempre que le pasa algo a alguno de nosotros mis hijos se unen y se defienden entre ellos. Y ésta, no va a ser la excepción", concluyó.

viernes, 20 de junio de 2008

lunes, 9 de junio de 2008

LA VERDAD de los actos

Ocurre a veces en el colegio que, dada la proximidad de la fecha a conmemorarse, -porque el día elegido casi siempre es aniversario de alguna muerte, y no es cuestión de andar festejando, sino conmemorando- es menester preparar la realización del acto que, por lo menos, será el pasaporte para zafar horas de clase.
- ¡Un momento, voto a Sarmiento! ¿Zafar horas de clase? ¿Quién dice semejante cosa? ¿Los profesores? ¿Los incorregibles alumnos?
- Ambos. Y ambos lo expresan de igual manera: ZAFAR.
La tarea de planificar la conmemoración (Recuerden: No se celebra, se con-me-mo-ra) es asignada a un grupo de profesores, supongamos cinco, que -a su vez- reparten sus responsabilidades de la siguiente manera: Uno busca las glosas del año pasado, preferentemente de otra escuela en que trabaja; y otro se encarga de copiar algún discurso de un libro de texto lo suficientemente añoso, como para que no lo reconozcan ni los alumnos más repetidores.
¿Y los tres profesores restantes?
¡Sí! ¡Adivinaron!
Los tres restantes, no solo zafan las horas de clase como todo el mundo, sino que también zafan la preparación del acto. Por fin, precedido por el entusiasmo y el fervor patriótico que les he descripto, llega el momento de zafar...perdón, de realizar la celebración, digo, la conmemoración.
Los alumnos habrán de formar derechos, que para eso están. Mirando hacia el frente, en posición de firmes, las manos fuera de los bolsillos y, en lo posible, absteniéndose de cachetear la nuca del compañero de adelante.
Aquí es cuando crece el protagonismo de los preceptores: Recorren las filas con paso prieto y sigiloso, controlando que todo esté en orden.
¡Y resultando decepcionados cuando ello ocurre!
¡Sí! ¡Lo digo, lo grito y lo sostengo!
Siempre supe que, cuando los preceptores realizan ese desfile seudo-preventivo, abrigan en los más hondo de sus almas, la esperanza de hallar algún incauto que se esté portando mal. Y le dicen, con rostro adusto y severo, que eso no se hace.
A propósito, puedo citar una experiencia personal como alumno:
(Escena: Acto escolar, el autor de esta nota parado, derechito, y dirigiéndose a quien lo precede en la fila.)
- YO: ¡Che, Polaco!¡Polaco...!
(El preceptor, sin ser advertido, se para a mis espaldas)
- POLACO: ¡Shhh..! ¡Callate!
- YO: Pero, ¿Qué pasa, Polaco? ¡Escuchame, dame bola!
- POLACO: (Sin darse vuelta) ¡Shhh...!
- YO: Fijate, Pola. La de historia: La única diferencia entre ella y un hipopótamo es que, gracias a Dios, ella está vestida.
- POLACO: ¡Basta!
- YO: ¿Qué? ¿Te gusta la de historia, ahora?
- POLACO: ¡Shhh...!
- YO: (Como si nada) ¡Ah, no! ¡Hay otra diferencia con los hipopótamos! El otro día, en la televisión, ví que estos paquidermos a veces se bañan.
Y recién entonces, girando levemente el cuello, comprendo al Polaco y su persistente mutismo.
Allí se erguía Herr Preceptor...
El tipo disfrutó la situación, la consintió, permitió que se agravara, y luego me invitó a abandonar la fila, con palabras -debo decirlo- no del todo dulces.
A continuación se me indicó permanecer en un rincón que, como supuse acertadamente, habría de ser mi nueva ubicación hasta el final del acto.
- Farina: ¿Usted se cree muy gracioso?
- Preguntome. No contesté, pues no me pareció momento para conceder reportajes.
Y allí estuve, firme, hasta el final, cual un número vivo no incluido en la programación original.
Mientras aguardaba el momento de mi libertad, imaginaba que, de haber previsto mi mala conducta, los organizadores no hubieran dejado pasar la oportunidad de hacer alguna mención al respecto.
La glosa -por supuesto que leída, y sin cambiar el tono de voz ni por casualidad- diría más o menos así:"
- A continuación, el señor preceptor Gómez procederá a hacer efectivo el retiro de la fila del alumno Farina, quien hallábase -a la sazón- observando una inconducta pavorosa, totalmente reñida con las normas morales que el establecimiento debe empeñarse en hacer cumplir, pues sin duda contribuirán a un futuro mejor para nosotros, y para las postreras generaciones que habiten este sagrado suelo, legado inalienable de los prohombres que forjaron la nación."
Y mi camino al vergonzante rincón es acompañado con un caluroso aplauso, según lo marca el protocolo.
Durante esa breve estancia, me sentí observado por directivos y docentes, algunos de los cuales me decían con su mirada:"
- ¡Debería darle verguenza! ¡Un buen alumno!"
Todavía no comprendo por qué razón el ser un buen alumno sería un agravante.
Además:
1- No me enorgullezco de mi conducta en aquella ocasión.
2- Pero, puesto a avergonzarme, he hecho cosas peores. Volvamos al acto, que ya está empezando y se nos va a hacer tarde.
Hace su entrada la bandera de ceremonias. La recibimos con un fuerte aplauso. ¿O con un respetuoso silencio? ¿O el aplauso es para despedirla? ¿O es un respetuoso aplauso? ¿O un fuerte silencio?
Siempre sostuve que la distinción radica en el estado de ánimo de quien hace el anuncio. Luego entonamos, con indisimulable fervor patriótico, las estrofas de nuestra canción patria.
El Himno no es gracioso.
Vamos a decirlo: Nunca lo ha sido, ni lo será.
¿Por qué, entonces, esa tendencia a reírse durante su transcurso, mientras se busca, de reojo, algún cómplice?
Justamente porque eso no se puede -o no se debe- hacer.
Luego del Himno, se dará lectura a unas palabras alusivas.
Es en este momento donde el desinterés por el discurso, por el acto y por la fecha, se torna evidente.
En efecto, alguien se para frente al micrófono -que funciona de a ratos y se acopla, por supuesto- para largar una insufrible parrafada, cuyo comienzo podría ser:"-
Nos hallamos aquí reunidos (vaya novedad) para conmemorar, con legítimo orgullo, la gesta heroica de..." o:"
- En un día como el de hoy, hace ciento ochenta años.."(El del año pasado era distinto, decía ciento setenta y nueve.) o:"
- Una pléyade de hombres egregios, cuyo única ambición era el bien de la Patria..."
Los alumnos, entre tanto, se hallan abocados a alguna de las siguientes tareas:
- Mirar al frente con cara de prestar atención, mientras recuerdo que el sábado voy a acostarme tarde, así que ni loco voy a jugar al fútbol el domingo, a no ser que no me acueste.
- Recorrer el lugar con la mirada, y observar las caras de aburridos de los demás. (Eso hacía yo, me acuerdo.)
- Patear disimuladamente el talón del compañero que nos antecede en la fila, o soportar igual conducta observada por el compañero que nos precede.
- Mirar la hora.
Cuando el discurso cesa, con palabras tales como: :
"...y debe ser el paradigma que guíe cada una de nuestras acciones.", se produce el previsible y desganado aplauso que, en todo caso, celebra la llegada del final.
Digo yo, queridos educadores, colegas, hermanos... ¿Tanto nos sorprende y molesta que los alumnos evidencien desinterés por las fechas patrias?
¿No hemos dicho alguna vez, que resulta práctico eso de correr los feriados, y hacer que San Martín haya muerto el tercer lunes de Agosto?
¿Alguno de nosotros soportaría hablar -fuera del acto- con ese lenguaje barroco, arcaico y sobrecargado con que alguien escribió las llamadas glosas?
¿Damos un buen ejemplo, como para reprender, con verdadera autoridad moral, a algunos alumnos que indudablemente se desubican en los actos?
¿Podemos enseñarles al respecto?
¿Somos capaces de contestar que sí a alguna de estas preguntas, sin cruzar los dedos ni que nos crezca la nariz?
¿Quién sabe, no?
CARLOS GUSTAVO FARINA